Vacunas sí o vacunas no

Hoy voy a hablarte de las vacunas, un tema de gran importancia a nivel mundial ya que la vacuna es una herramienta fundamental y extraordinaria para la salud pública.

En estos momentos en España, están documentadas excelentes tasas de cobertura de inmunización infantil en todas las comunidades autónomas.

Según los datos publicados por el Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad, las vacunas administradas hasta el segundo año de vida muestran un cumplimiento medio del 95%.

No obstante, sí que se ha producido un leve descenso (entre un 2%-5%) en los porcentajes con respecto a otros años (97%).

De ese porcentaje de niños que no se vacunan en los dos primeros años de vida, poco más de la mitad no lo hacen por negativa de sus padres a que sean vacunados.

Y es que, los llamados movimientos anti-vacuna han ido aumentando el número de adeptos a su causa al provocar en los padres serias dudas (infundadas) sobre la seguridad y efectividad de las vacunas infantiles.

Actualmente, para la legislación española las vacunas no son obligatorias, sin embargo, estimo que deberían ser un derecho fundamental de todos los niños.

10 razones para utilizar las vacunas

  1. Protegen nuestra salud.

Las vacunas son medicamentos que refuerzan la capacidad natural del sistema inmunitario para proteger el organismo contra “invasores extraños”, principalmente gérmenes infecciosos, que pueden causar enfermedades.

El sistema inmunitario es una red compleja de órganos, tejidos y células especializadas que trabajan de forma colectiva para defender el organismo. Cuando un microbio infeccioso invade el cuerpo, el sistema inmunitario lo reconoce como extraño, lo destruye y recuerda para prevenir otra infección en caso de que el microbio invada el organismo otra vez en el futuro.

Utilizando un símil bélico, se podría decir que, su única función es presentárselos a nuestro “batallón defensivo” (sistema inmunológico), para que los conozcan, los identifiquen como “enemigos” y generen “guerreros especializados” para la lucha (anticuerpos) y un plan estratégico de ataque (reacción inmunitaria) para destruirlos en el momento en que intenten invadirnos.

Las vacunas se aprovechan de esta respuesta.

  1. Son seguras.

La mayoría de las vacunas poseen los mismos gérmenes (o partes de ellos) que causan la enfermedad, pero esos virus o bacterias están muertos o debilitados para no enfermarte.

Hay mucha información confusa sobre la garantía de las vacunas, pero hay que decir que son medicamentos muy seguros.

Desde que la vacuna es ideada en un laboratorio hasta que se introduce en un programa de vacunación, transcurre un prolongado periodo de tiempo, hasta 10 años, en donde es sometida a estrictos estudios que van obteniendo datos sobre la eficacia y seguridad de la misma.

Incluso una vez comercializadas siguen siendo vigiladas.

¡La vacuna no causa la enfermedad!

Como cualquier medicamento, puede producir efectos secundarios, por regla general, muy leves; dolor a nivel del pinchazo, un poco de fiebre, heces sueltas o incluso algún sarpullido, dependiendo de la vacuna.

Excepcionalmente, pueden provocar reacciones más importantes (en personas alérgicas o con circunstancias especiales), por eso se recomienda que su control y administración lo lleven a cabo profesionales sanitarios.

Pero comparado con los peligros de las enfermedades que estas pueden prevenir, las vacunas representan un riesgo de seguridad muy, muy pequeño.

  1. Salvan vidas.

Hoy en día, desgraciadamente, siguen muriendo en determinados países, niños y adultos a causa de enfermedades que se podrían prevenir con vacunas. Es el caso de enfermedades como la polio, tétanos, difteria, meningitis…

Y aunque no podemos descartar al 100% que a largo plazo una vacuna pueda dar lugar a un problema no previsto… Está comprobado que evitan 4 millones de niños muertos en el mundo.

De manera que los beneficios que aportan superan con creces a los posibles problemas.

¿No te parece?

  1. Son solidarias.

 Cuando una persona se vacuna contra una enfermedad, en la medida en que no puede enfermarse, es de sentido común pensar que tampoco podrá contagiar a otra.

De esta forma, la persona vacunada estará ejerciendo de escudo protector de los demás, o mejor dicho, de aquellos que estén a su alrededor, impidiendo la propagación de la enfermedad y protegiendo a los no vacunados o con pocas defensas.

Es la llamada “inmunidad de grupo”.

  1. Previenen el cáncer.

Hace tiempo que se ha reconocido el papel que desempeña el sistema inmunitario en la defensa contra los microbios que causan enfermedades.

Ahora, los científicos han descubierto también que el sistema inmunitario puede proteger el cuerpo contra las amenazas que representan ciertos tipos de células anormales, enfermas o dañadas, incluso las células cancerosas.

Ellos creen que algunos microbios causan del 15% al 25% de todos los cánceres que se diagnostican en el mundo cada año.

Está demostrado que la vacuna de la hepatitis B previene la cirrosis y el cáncer de hígado, la vacuna del papiloma virus, un tipo de cáncer de cuello de útero y la del sarampión previene enfermedades degenerativas del sistema nervioso.

Pero además, existen vacunas específicas para la prevención y tratamiento de determinados cánceres, que usando una clase de sustancias conocidas como modificadores de la respuesta biológica, estimulan o restauran la capacidad del sistema inmunitario para combatir las infecciones y enfermedades.

  1. Acaban con enfermedades.

Sin ninguna duda, las vacunas han sido una de las intervenciones de la salud pública que más vidas ha salvado a lo largo de la historia…

¡Y lo siguen haciendo!

El esfuerzo coordinado de muchos países ha conseguido en varias ocasiones erradicar para siempre algunas enfermedades.

      Es el caso, por ejemplo de la viruela, que fue definitivamente erradicada en 1978, después de haberse cobrado la vida de hasta 5 millones de personas al año.

      O el caso del sarampión de La Región de Las Américas, que fue declarada libre de esta enfermedad en 2002, doce años después de haber tenido un brote que causó más de 100.000 muertos.

      En la actualidad, la polio está a punto de desaparecer, pero de momento ha salvado de la parálisis permanente a 5 millones de personas en todo el mundo.

  1. Ayudan a conocer mundos.

En España, todo hay que decirlo, tenemos muy pocos casos de las enfermedades para las que utilizamos las vacunas. De los más bajos del mundo. Lo cual no quiere decir, que estas enfermedades hayan desaparecido.

Actualmente, existen países en donde las enfermedades que se pueden evitar con vacunas son todavía comunes.

Si a eso, le añadimos la facilidad de nuestra sociedad para viajar; todos los días llegan personas de otros países al igual que nosotros viajamos al extranjero, si no se utilizaran las vacunas, podrían volver a producirse epidemias de enfermedades evitables.

Gracias a las vacunas podemos disfrutar visitando distintos lugares del mundo sin miedo a enfermar.

  1. No tienen edad.

Las vacunas, como ha quedado evidente en el punto anterior, no son sólo para los niños, pero tampoco son solo para los adultos que viajan.

Se puede vacunar a cualquier edad: niños, adolescentes y adultos jóvenes, de mediana o tercera edad.

Si te vacunaron de niño, parte de la protección de las vacunas puede disminuir con el tiempo. Además, ahora hay vacunas disponibles que pudieron no haberlo estado cuando tú eras niño.

 ¡Nunca es demasiado tarde para vacunarse!

  1. Son saludables.

Cada año, más de 50.000 personas mueren en los EE.UU. de enfermedades prevenibles con vacunas. Esa cifra es mayor, que la de la gente que muere de VIH/SIDA, cáncer de mama y accidentes de tráfico combinados, en ese país.

Tal como sucede con las revisiones médicas anuales, la buena alimentación y el ejercicio físico, las vacunas son una de las primeras medidas que te ayudan a estar sano.

No utilizarlas supone correr el riesgo de tener una grave enfermedad y si enfermas, de contagiar a tus hijos, nietos, padres, amigos y el resto de la comunidad.

¡No hay por qué sufrir si puedes prevenirlo fácilmente!

  1. Son un derecho.

      No hay razones para que un niño muera o padezca graves secuelas por una enfermedad prevenible mediante vacunación.

      El Sistema Nacional de Salud en España, proporciona de manera gratuita la mayoría de las vacunas necesarias para todos los niños, en función de su edad.

La decisión de vacunar a un menor corresponde a sus padres o tutores.

¡No les neguemos a los niños este derecho!

     ¡Vacúnalo, vacúnate y gana salud!