Resilencia: 10 pasos para lograrla

Esa templanza que tanto admiras y con la que te gustaría contar es la resilencia.

Ahí va un ejemplo (dos amigos que se encuentran en la calle hablan sobre un vecino al que ven):

  • ¿Te acuerdas del vecino del 3º?
  • Pues en este momento…
  • Sí hombre, aquél que después de perder su trabajo, a la mujer la atropelló un coche dejándola casi ciega…
  • Ah sí… ¡joder tío, vaya marrón!
  • Pues ahí lo tienes. Mientras cuidaba de la mujer se sacó el título de auxiliar de enfermería. Y ahora, trabaja en la clínica donde estuvo ingresada la mujer, y ella se ha dedicado a la escultura y la alfarería, que era su hobby y con la indemnización por el accidente ha abierto una tienda en donde se las quitan de las manos…
  • ¡En serio! Vaya fuerza. A mí me pasa y me muero.

 Como en este ejemplo, seguro que conoces a alguien cercano que al encontrarse al borde del abismo, ha sabido adaptarse a las circunstancias y dando lo mejor de él, enfrentar el reto y salir airoso.

Es un concepto que tiene su origen en la física y se refiere, a la capacidad de un material para recobrar su forma después de haber estado sometido a altas presiones.

Trasladando esta idea al mundo de las ciencias sociales, se puede decir que la resilencia es la capacidad que tiene una persona en sobreponerse tras vivir distintas situaciones de estrés o enfrentarse a las dificultades de la vida.

Pero la resilencia, es más que resistir los embates de la vida, es tomar cada circunstancia adversa como un desafío que pone a prueba todas las potencialidades de un individuo. Entendiendo estas potencialidades como, la capacidad de proteger la propia vida y la capacidad de construir conductas positivas ante las adversidades.

¿Se nace con ella? Pues, no.

No es una cualidad innata que tengan unas personas sobre otras, no está grabada en nuestros genes, sino que puede ser aprendida por cualquiera de nosotros.

10 pasos hacia la resilencia

Todos podemos ser resilentes.

La resilencia es algo que todos podemos desarrollar a lo largo de la vida; al copiar algún modelo resilente cercano (padres, amigos o conocidos), o por nosotros mismos. Sólo hace falta cambiar algunos de nuestros hábitos y formas de pensar.

  1. No te quedes solo.

Es importante establecer buenas relaciones con las personas significativas en tu vida, ya que, aceptar la ayuda y el apoyo de los que te quieren fortalece la resilencia.

Ten en cuenta, que ante un acontecimiento potencialmente traumático, tu primer objetivo debe ser superarlo y para ello es muy importante no sentirse solo.

  1. Aprende de los obstáculos.

No se pueden evitar las situaciones dolorosas a las que tenemos que enfrentarnos a lo largo de nuestra vida, pero si que podemos ver más allá.

Intenta cambiar la manera de interpretarlas y averigua qué te pueden enseñar. Esos momentos no serán eternos y tu futuro dependerá de la forma en que reacciones ante ellos.

Aceptar que hay circunstancias que no se pueden cambiar, te ayudará a enfocar tus energías sobre las que sí puedes modificar.

  1. Practica el mindfulness.

El origen del Mindfulness suele situarse hace 2.500 años en la tradición budista. El mindfulness moderno está basado en una antigua técnica de meditación de la india, que consiste en «tomar conciencia del momento presente», «tomar conciencia de la realidad».

Para esta práctica milenaria el pasado forma parte del ayer y no es fuente de culpabilidad y el futuro no les aturde porque está por llegar, solo importa el presente.

  1. Plantéate objetivos.

Es bueno plantearse metas objetivas. Aunque te parezcan pequeñas suponen una motivación, algo en que centrar tu atención y una dirección en tu vida.

El secreto está en no luchar contra molinos de viento, aprovecha el sentido de la corriente y muévete con ella.

Y sobre todo, ¡no tires la toalla!

Si te mantienes firme y perseveras lo conseguirás.

  1. Conócete y confía en ti mismo.

El autoconocimiento es un arma muy poderosa para enfrentar las adversidades y los retos.

Conocer cuáles son tus habilidades y tus defectos, te ayudará a trazar metas más objetivas y te hará sentirte seguro a la hora de alcanzarlas.

Escucha a tu instinto y tenlo en cuenta a la hora de decidir.

  1. Se optimista.

Una visión optimista te permite esperar que ocurran cosas buenas en tu vida.

El sentido del humor es esencial para ver con optimismo las adversidades y centrarte en los aspectos positivos de las situaciones.

En este camino la risa es tu mejor aliada. ¡Ríete hasta de tu sombra!

Trata siempre de visualizar lo que quieres en lugar de preocuparte por lo que temes.

  1. No controles.

El intentar controlar todos los aspectos de nuestra vida es uno de los principales focos de estrés y tensión, por eso debes ser flexible ante los cambios.

Intenta adaptar tus planes y tus metas cuando sea necesario, sin aferrarte a una única solución. Tardarás más en llegar, pero lo harás más tranquilo.

  1. Huye de los vampiros.

Y no me refiero a colgar ristras de ajo o a llevar crucifijos en el bolso.

Más bien, a “poner pies en polvorosa” ante las personas cargadas de negatividad que se alimentan de tu energía y buen humor. Suelen hipnotizarnos con su cordialidad y encanto transmitiendo una gran confianza, pero tras entrar en nuestra vida, comprobamos que aumentan su autoestima devaluándonos y manipulándonos.

Aprende a cultivar tus amistades y rodéate de personas que mantienen una actitud positiva ante la vida. De esta forma conseguirás crear una sólida red de apoyo mutuo en los que sostenerse en los momentos más difíciles.

  1. Cuida de ti mismo.

Piensa que eres importante y presta atención a tus necesidades y deseos.

Cuida tu alimentación dándole color, haz ejercicio; ya sabes que libera “la hormona de la felicidad”, y no te olvides de repartir amor…luego recibirás lo mismo que hayas compartido.

  1. ¿Los niños también pueden aprender?

¡Por supuesto!

Ten en cuenta que los primeros años de vida (hasta los 5-6 años) se forjan los cimientos de la personalidad y por tanto son muy estructurantes en términos de resilencia.

Es responsabilidad de los adultos, sobre todo los padres, poner a disposición de los niños las herramientas positivas que ayuden a la formación de una buena entereza frente a los problemas que se encontrarán en la vida.

Para ello, es ideal brindarles comprensión, optimismo y buen humor, además de ayudarles a aceptarse y confiar en ellos mismos.

Recuerda: ¡son unos imitadores geniales!