¡Reírse no es broma!

Reírse es un acto social, psicológico y biológico. Se tiene la convicción de que es un mecanismo desarrollado para establecer relaciones con los demás, puesto que con una sonrisa o una carcajada, se clarifican intenciones, se otorga un contexto, un tono a las palabras y se dan pistas acerca de la intención de lo que se dice.

Hace dos décadas, el acto de reírse comenzó a despertar la curiosidad de los neurocientíficos. ¿Para qué nos habría dotado la evolución de esta capacidad y del sentido del humor?

Está demostrado que en la naturaleza hay algunos animales que también se ríen, como las ratas, los monos e incluso los gatos y los perros. Sin embargo, aunque ellos también se rían, solo los seres humanos poseemos sentido del humor y usamos la sonrisa y la carcajada para empatizar.

 “Doctor, por el oído derecho oigo unos pitidos como de lejos… -No se preocupe, échese tres gotas de esto todos los días y vuelva la semana que viene. A la semana siguiente el hombre vuelve al médico: -¿Cómo le ha ido con las gotas? -¡¡Pues muy bien doctor, ahora oigo los pitidos mucho más cerca!!”

Puede que este chiste te haya hecho esbozar una sonrisa o incluso soltar una carcajada. Y aunque parece algo normal y fácil, somos capaces de reír gracias a que tenemos un cerebro sumamente flexible, capaz de pasar de una situación lógica a otra absurda en un santiamén.

El humor se produce cuando se engaña al cerebro, se le expone una situación en la que cree reconocer un patrón, y de pronto se le sorprende con otra solución. Por lo que, tu respuesta habrá dependido de la puesta en marcha de tus mecanismos cognitivos y emocionales, entre otras cosas.

10 curiosidades sobre reírse

  1. Se localiza en el cerebro

La risa natural, al igual que el llanto, es un acto involuntario o inconsciente que se localiza en una pequeña región del córtex frontal cerebral: el sistema límbico, más concretamente en la amígdala y el hipocampo.

Según Robert Provine, neuropsicólogo de la Universidad de Maryland y uno de los más recientes estudiosos en la materia, nuestro cerebro es capaz de distinguir entre una risa genuina y otra forzada, como ha podido evidenciar en diferentes escáneres cerebrales.

  1. Es algo antiguo

La risa y el humor son tan antiguos como los seres humanos.

Recientes estudios científicos, afirman que reírse es una forma de comunicación innata y heredada de los primates, con lo cual el origen de la risa sería evolutivo y genético.

Para Pedro C. Mirajuán, investigador del Instituto de Ciencias de la Salud en Zaragoza; la risa surge como una herramienta para solucionar problemas. Explica que a medida que las comunidades fueron creciendo, se comenzaron a producir más desencuentros, debido en buena medida a la imprecisión del lenguaje inicial. Se necesitaba, por tanto, una herramienta que permitiera suavizar tensiones. Quizá entonces surgió la risa.

Seguramente, estuvo ligada al desarrollo del neocórtex, el llamado cerebro social, que permite establecer relaciones sociales en grandes y complejos grupos como los nuestros.

  1. Estaba mal visto

La relación entre la risa y las diferentes épocas de la historia está modulada por la cultura y la sociedad.

Actualmente, relacionamos la risa con la idea de “ser feliz y sentirse bien”. Sin embargo, Platón y Aristóteles, entre otros autores, tenían una visión oscura sobre ella.

Antes del siglo XIX, la risa se interpretaba, en general, como un elemento frívolo y de poca profundidad; con el Cristianismo se asentó la relación de la risa con la necedad y durante el Medievo, reírse era considerado “la forma más terrible y obscena de romper el silencio”.

En los siglos XVII y XVIII, el interés por lo cómico se acentuó en toda Europa. Aun así, Molière tuvo que defender su obra argumentando que “la utilidad de la comedia reside en que corrige los vicios de los hombres”.

A finales del siglo XIX, Henri Bergson reconoció la risa como fundamentalmente social.

  1. Es contagioso

El ingeniero norteamericano Charles Douglas se percató en 1950 de que cuando alguien estallaba en carcajadas, acababa contagiando a quien tenía a su alrededor e ideó una idea brillante con la que revolucionó la televisión. Se le ocurrió grabar a gente riendo y poner esas grabaciones en los programas de humor que se grababan sin público. No hizo falta mucho tiempo para darse cuenta de que los gags, parecían más graciosos y los espectadores tendían a reírse más.

Y es que, la risa es sumamente contagiosa.

Al igual que el bostezo, reírse implica un comportamiento social neurológicamente programado cuyo origen se encuentra en la necesidad de sincronizar el comportamiento de un grupo.

  1. Enamora

Los expertos en evolución apuntan que, reírse y tener sentido del humor son también herramientas de selección sexual; son determinantes a la hora de escoger pareja.

En general, se encuentra más atractiva a la persona con un buen sentido del humor, pues inconscientemente se cree que este denota inteligencia, ingenio e imaginación, así como creatividad y amabilidad. Por tanto, nos harán pensar en que será capaz de desenvolverse con más flexibilidad y resolución.

Además, las risas más bonitas, como las de los bebés, contienen la proporción áurea, que es aquella que guardan las cosas de la naturaleza que nos resultan bellas (como una concha de mar o una flor).

  1. Es muy saludable

Una nueva rama de la ciencia, la psiconeuroinmunología, estudia las interacciones entre las regiones del cerebro implicadas en la risa y el sistema inmunitario, y ha visto que las personas risueñas, en general, gozan de mejor salud, padecen menos riesgos de sufrir un infarto y suelen vivir más.

  • Estimula la producción de endorfinas, moléculas asociadas a la sensación de placer y con un alto poder analgésico, por lo que la risa mitiga el dolor y reduce la depresión.
  • Libera dopamina que mejora el estado de ánimo y serotonina con poder calmante y relajante.
  • Estimula la secreción de adrenalina que potencia la creatividad y la imaginación.
  • Libera oxitocina, que favorece un clima de confianza y el humor.
  • Refuerza las defensas del sistemas inmunitario, al aumentar la actividad de los linfocitos T y activar la producción de proteínas como el interferón gamma, que lucha contra los virus y tumores.
  • Disminuye los niveles sanguíneos de cortisol regulando la presión sanguínea.
  • Acelera la respiración e incrementa el latido cardíaco, favoreciendo la oxigenación de la sangre.
  • Favorece la digestión y alivia el estreñimiento.
  • Acelera el metabolismo basal y tonifica los músculos faciales.

Todo ello hace que cuando nos riamos sintamos que las preocupaciones se disipan y estemos más aliviados.

  1. Es catártico

Si, la risa puede resultar purificadora. Muchas personas se guardan el enfado, la tristeza o la rabia y la risa ayuda a liberar esas emociones de forma inocua, por lo que se emplea a menudo en terapias destinadas a mejorar el estrés, la depresión y la angustia.

Si uno es capaz de reírse de sí mismo y de los impedimentos que encuentra es que los puede superar. Al tomárselos con humor, se relajan las tensiones y se es capaz de quitar dramatismo a las situaciones.

Cada vez hay más hospitales que incorporan talleres de risoterapia para acelerar la recuperación de sus pacientes.

Aunque las investigaciones más recientes se están llevando a cabo en Suiza, los pioneros en crear centros dedicados a la risa son los americanos y los canadienses.

  1. Puede ser enfermedad

Aunque no es frecuente, existen algunas formas de reírse que son patológicas y pueden estar asociadas a determinadas enfermedades del sistema nervioso central: tumores, esclerosis múltiple, ictus, demencias… o bien enfermedades mentales como la esquizofrenia y manía, o a casos de drogadicción. En estas circunstancias la risa es totalmente incontrolable, está fuera de contexto, aparece con incontinencia y asociada a trastornos afectivos.

  1. Depende de la edad, el sexo y la cultura

La risa es un lenguaje universal, como la música, y es innato. Los bebés esbozan sus primeras sonrisas en torno a los 3 meses, sin embargo todos los estudios apuntan a que cada vez se ríe menos.

Un adulto ríe de media unas 17 veces al día mientras que los niños pequeños pueden llegar a nada menos que ¡1000! Carcajadas diarias.

“Saben aquél que dice, que eran dos amigos que se encuentran, y uno le dice al otro… ¿Cómo estás? Mal, muy mal, nen, al borde del suicidio. ¿Ostras y… ¿cómo es eso? Es que en la fábrica donde trabajo han hecho suspensión de pagos. Ostras es fuerte, pero tanto como para matarse… Es que además, mi hijo llega todos los días borracho, mi hija se ha ido a vivir fuera de casa y mi suegra se pincha. ¡Mira si estoy desesperado que mi mujer se va a vivir con otro hombre, y me voy a vivir con ellos!”.

Que algo, nos haga más o menos gracia o ninguna, depende de la cultura, el sexo y la edad. A los niños, por ejemplo, les hace reír todo lo escatológico (se desternillan de risa solo con decir “caca”), mientras que a los adolescentes les hace mucha gracia los contenidos de tipo sexual.

  1. Se puede ejercitar

Recuerda que la risa masajea el cerebro e influye en su actividad eléctrica y nos sirve para estrechar el vínculo entre personas. Estos ejercicios invitan a reírse y a sentirse mejor con uno mismo y con los demás:

  • Hablar con un lápiz en la boca; Eduard Punset propone contarle algo a alguien sosteniendo un lápiz entre los dientes. La otra persona apenas lo entenderá y acabaréis por reír. Además, al hablar tus gestos serán similares a los de la risa y esto engañará al cerebro, que empezará a segregar serotonina.
  • Revisar con humor un problema; puedes pensar en una situación que te angustie y nombrarla en voz alta. Primero canturréala muy serio, luego, haciendo que lloras amargamente. Para acabar repítela en voz alta y riendo a carcajadas. La pesadumbre disminuirá.
  • Hacer cosquillas; en pareja, entre amigos o con los hijos. Las cosquillas actúan como grooming (limpieza y desparasitación que se hacen unos primates a otros), un estupendo juego heredado de nuestros antepasados.

 ¡Dónde no llegan las palabras llegan las carcajadas!