Microrrelatos

Estos son algunos de los microrrelatos que escribo:

18 minutos

Había dejado de ser esposa, madre, novia, hija, amante… Con la espalda apoyada en una esquina del vagón del metro, se perdía entre las páginas del libro. Esos dieciocho minutos eran suyos. Sin devoluciones, derechos u obligaciones. Su momento de desconexión para afrontar el día a día. Por eso, al oír su nombre en boca de una conocida que se alegraba de la casualidad, sabía que a partir de entonces tendría que cambiar de línea para poder seguir abandonándose en sus sueños.

Golpe Seco

Medianoche. Puñales de frío atraviesan la ventana de la estancia. Mis dedos teclean el ordenador, mientras las sombras luchan por despegarse de la pesada oscuridad. Me detengo un instante para mirar la pantalla. Justo entonces oigo un golpe seco, el grito de una mujer, los pasos acelerados de alguien que huye… mi corazón se acelera y un escalofrío recorre mi cuerpo. Está naciendo una historia.

Pegado a ti

Noto el calor de tu espalda encendida al deslizarme suavemente por ella. Pegado a ti siento como tu respiración me estimula, profunda al comienzo, superficial y jadeante después… Vibro con los latidos de tu corazón que, aunque rítmicos, galopan acelerados mezclándose con los susurros y quebrantos de tu aliento hasta llegar al gemido… Diagnóstico: catarro gripal. Firmado: Fonendoscopio.

No, no me arrepiento. Te abandoné mientras te soltaba de mi muñeca. Después de 10 años de oscura convivencia recuerdo que me dijiste: «volverás. ¡Al tiempo!» Pero hoy te puedo asegurar que no cambio tu semblante frío e inexpresivo por la calidez de un rostro comunicativo, tu silencio por la música, ni tus horas calculadas y perfectas por la aventura de lo incierto. Nunca regresaré a tu lado… querido reloj digital.

Silencio

El silbido de un disparo. Un hálito frío ensarta mi cuerpo mientras las gotas de sudor empapan mi frente. El dolor me corroe y entre mis manos un río rojo brota de mi pecho. Mi corazón se esconde en el silencio. Caigo al suelo con la mirada abierta y la boca ansiosa de aire. El terror estremece mi alma. Consigo quitármelas… Vuelvo a poner las botas al lado del cadáver mientras un ejército de sombras lo van cubriendo.

Allí estaba hace unos meses, en la acera de enfrente. Silbaban ráfagas de viento mientras el sol derramaba su primer aliento sobre las calles. Tez impecable, pureza en el alma y una incipiente historia en el corazón. Asomada a la ventana, entre mil aspavientos intenté detenerla, pero se me escapó de las manos. Hoy, tras los cristales de mi apartamento, asisto por enésima vez al instante en que fue arrollada por un coche… Aún recuerdo cuánto me costó volver a escribir esa primera página.