Entrevista (15): Roberto Martínez Guzmán

Bueno Roberto, encantada de haber podido compartir contigo este tiempo, ya sabes que siempre serás bienvenido en mi modesta casa.

Y esta es la última pregunta, si tú… No. ¡Esperad! No puedo… lo he intentado, pero es imposible, me hago un lío…

¡Ay, perdón! que no os lo he dicho. Os explico; llevo como tropecientos intentos de empezar a escribir esta entrevista por el final y luego conducir el hilo secuencial en sentido inverso hasta llegar al inicio como hace magistralmente Roberto al idear sus novelas. Pero nada, lo único que he conseguido ha sido terminar de rematar mi locura…

Así que comencemos de nuevo y por el principio…

Hoy me siento halagada de poder contar en mi blog con la visita de uno de los escritores de novela negra con más ventas en su haber; Roberto Martínez Guzmán.

Para los que os incorporéis en este momento a la sección, he de explicaros que se trata de una serie de encuentros que vienen a protagonizar aquellas personas que al cruzarse en mi vida han dejado su huella en mi camino.

Y aunque el paso de Roberto por mi Web haya dejado una huella imborrable, tengo que confesar que no he tenido la maravillosa ocasión de conocerlo hasta hace muy poco.

Sin embargo, este tiempo me ha bastado para adivinar, que como el resto de mis invitados es Gente de a pie, como tú y como yo. Con sus problemas, sus ilusiones, sus sueños y sus memorias… De esa Gente que si cae, vuelve a levantarse con más fuerza y que para mí es importante porque desde detrás de la cámara, y con su granito de arena diario, hacen que el mundo siga girando y sea un poco mejor.

Hoy, a través de una breve entrevista como suelo hacer con mis otros invitados, Roberto rasgará sus vestiduras para compartir con vosotros un cachito de su faceta más humana.

Después, como ya conocen aquellos que me siguen, con la ayuda de un sofisticado sistema aleatorio (la conocida “mano inocente”), extraigo para cada encuentro, en este caso el de Roberto, diez papeletas de las 90 totales, en cada una de las cuales hay escrito un número. Cada cifra tiene asignada una pregunta concreta en una lista común. Con ellas elaboro una serie de 10 preguntas cortas que leo junto a mí entrevistad@, y a las cuales él va a responder de forma breve, también.

Para terminar, podrá contestar a una Pregunta Plus o al juego Si yo te digo…, tú contestas…

Así aconteció el encuentro con Roberto:

Noche cerrada. Luces marchitas proyectan fantásticas siluetas sobre la rúa Santo Domingo mientras las viejas farolas encaramadas a las piedras de las fachadas nos siguen con su mirada. Roberto, como buen conocedor de su ciudad me va poniendo al día de la historia y leyenda de esta famosa calle peatonal hasta que, nuestras pisadas comienzan a confundirse con los ritmos de Jazz que invaden la urbe en esta semana de mayo.

Ourense, como me explica mi invitado, es una metrópoli de grandes y buenas cafeterías, herencia de la industria tradicional de los tostadores de café, y él, como no podía ser menos, es un asiduo cliente de muchas de ellas.

Esta noche Roberto hace de cicerone, ya que yo no conozco la capital, y elige una de las del casco histórico. Es entonces cuando descubro una de sus manías; tomar siempre un vaso de agua con el café. Una rareza, que según me confiesa, le “colgó” a uno de sus personajes, Antón, cuando escribía Muerte sin Resurrección.

Roberto cursó sus primeros estudios en Ourense entre el Colegio Marista de Santa María y el IES Blanco Amor y continuó hasta 4º de Derecho en la Universidad de Santiago de Compostela aunque por circunstancias de la vida no llegó a licenciarse.

“Cocinero antes que fraile” ha trabajado en el sector editorial como jefe de ventas durante varios años y actualmente compagina su labor como funcionario de la Xunta de Galicia con la escritura.

Se reconoce fumador empedernido y un mártir del reloj, que lo despierta con chillidos y lo lleva el resto del día a base de collejas para que apresure, me comenta sonriente.

Disfruta jugando a la Play con su hijo y le gusta hacer recuento del año en verano, a poder ser, al lado del mar.

No soporta la injusticia y la falta de objetividad y cuando está metido de lleno en una novela es muy obsesivo, se pasa el día pensando en ella hasta que la acaba.

Desde el 2011 ha escrito: Cartas desde el Maltrato, Muerte sin Resurreción (récord de ventas en Amazon), El día que Blancanieves cogió su guitarra y su último libro Café y cigarrillos para un funeral.

CIGARRILLO

  1. De pequeño, cuando se te caía un diente ¿le escribías al Ratoncito Pérez?

—No. Le dejaba el diente encima de la mesilla de noche sin más. Consideraba que si el Ratoncito Pérez era tan listo para saber a qué niño se le había caído un diente e ir a visitarlo, también era lo suficientemente listo para saber que si se encontraba un diente en su camino debía dejar monedas. ¡Y oye, nunca fallaba!

  1. Perros o gatos

—Perros y gatos. No son excluyentes. He tenido gatos, pero ahora tengo un perro, Puffy, que es un espíritu loco y libre. Tiene siete años y es una explosiva mezcla de pastor alemán y perro de caza. Lo tengo en una casa de campo con mis padres y les hace mucha compañía. Eso sí, la finca es suya y se pasa el día estresado para que ningún animal, sea por tierra, aire o bajo tierra entre en sus dominios. Tan pronto lo ves ladrando frente a un árbol para que un petirrojo se marche de sus ramas como excavando porque huele un topo… Por cierto, a él le dediqué Café y cigarrillos para un funeral.

  1. Roberto, ¿qué es lo último que haces antes de irte a dormir?

—Darle las buenas noches a mi pareja y decirle que la quiero mucho, cosa que además es cierto.

  1. Un motivo por el que serías capaz de matar

—Soy de los que cree que cualquier persona puede matar a otra por mucho que lo niegue con antelación, solo basta que se den las circunstancias adecuadas. Por mi parte, sería capaz de matar para defender mi vida y lo haría sin remordimientos. Nadie tiene derecho a querer matar a otra persona y, si alguien se lo propone conmigo, si lleva la situación a un él o yo, trataría por todos los medios de que el que permaneciera vivo, fuese yo.

  1. Para ti, ¿a qué huele la felicidad?

—A tranquilidad, a satisfacción por las metas conseguidas como preámbulo de nuevas metas, siempre sin pisar a nadie. En otras palabras, a ilusión con la conciencia tranquila.

  1. Un lugar dónde perderte

—Una pequeña charca en medio de la selva, llena de vegetación y alejada del mundo, con árboles rodeándola y ramas cayendo sobre un agua en calma que invite a bañarte para mitigar el calor mientras escuchas el sonido de los pájaros de la selva. ¡Me parece lo más cercano al paraíso!

  1. Elige: saber mucho de poco o poco de mucho.

— Mucho de poco, porque así evitas la ignorancia, que es uno de los peores defectos en una persona. Aunque claro, lo ideal sería saber un poco de todo y mucho de algo en concreto.

  1. Si fueras un supervillano ¿cuál sería tu plan, Roberto?

—Ummm… Si fuese un supervillano no tendría un plan, tendría varios y muy perfectos, porque de lo contrario me quedaría en un villano simple y vulgar. Y me imagino todos esos planes con la finalidad de dominar el mundo en secreto y sin que nadie se percatase de ello. En este sentido, creo que hay muchos supervillanos en la realidad.

  1. Una canción que siempre te emociona.

— Que recuerde ahora… Puedes Contar Conmigo de La Oreja De Van Gogh, pero seguro que si lo pienso con calma tengo más. De todos modos, me emociona más una historia escrita.

  1. ¿Qué sentirías si supieras el momento exacto de tu muerte?

— Me parecería algo terrorífico y espero no saberlo nunca. Creo que el instante en que alguien sabe la fecha exacta de su muerte es el momento justo en que muere, porque a partir de entonces todo lo enfoca hacia esa fecha.

Roberto, “SI YO TE DIGO…, TÚ ME CONTESTAS…”

Si yo te digo cigarrillo, tú contestas… vicio.

Si yo te digo reloj, tú contestas… enemigo.

Si yo te digo mar, tú contestas… verano, tranquilidad, vacaciones.

Pues ahora sí que hemos terminado y, en honor a la verdad, tengo que desvelaros que el entorno de nuestro encuentro solo ha formado parte de mi imaginativa mente. ¡Ya me hubiese gustado a mí! Pero nuestro encuentro ha sido cibernáutico total.

Lo que vuelvo a repetir es que, es y será siempre un placer charlar con Roberto. Solo queda pendiente trasladar la visita a la vida real. ¡No me olvidoooo! 😉